loader image

Seguridad y futuro de ascensores en comunidades

La vida en edificios se volvió parte central de las ciudades chilenas y, con ella, la movilidad vertical pasó a ser un servicio crítico: en Chile operan cerca de 60.000 ascensores. Cuando funcionan bien, casi nadie los nota; cuando fallan, impactan la rutina, los costos y la seguridad de toda la comunidad. Gestionarlos con criterios técnicos (y con planificación financiera) ayuda a evitar sorpresas y a sostener una buena calidad de vida en altura.

Ciudades más verticales: por qué la movilidad vertical importa

Chile se ha concentrado crecientemente en entornos urbanos (se menciona un orden de magnitud cercano al 90% de la población viviendo en ciudades). Como las ciudades no pueden expandirse indefinidamente en superficie sin agravar congestión y distancias, la densificación y la altura se vuelven inevitables. En ese escenario, el ascensor deja de ser un “equipamiento más” y pasa a ser una pieza estructural de la habitabilidad diaria: entrada y salida en horas punta, accesibilidad, y continuidad operacional de un edificio completo.

La planificación no se agota en “poner dos ascensores y listo”. También se relaciona con accesos, estacionamientos, áreas verdes, cercanía a servicios y transporte horizontal. Cuando ese diseño queda corto, aparecen esperas excesivas, congestión interna y sobreuso del equipamiento.

Vida útil del ascensor: estimación, no un número fijo

No existe una forma única de “medir” cuánto durará un ascensor, pero sí de estimarlo. Un ascensor apropiado para el uso, bien instalado y con buena mantención puede durar 20 a 25 años antes de requerir una modernización más extensiva. En el camino es normal reemplazar componentes consumibles o con ciclos de vida más cortos, como parte de la electrónica.

La mantención sostenida marca la diferencia: existen ascensores muy antiguos aún operativos (se mencionan equipos de 1910 y casos que superan los 100 años), lo que refuerza la idea de que el cuidado y las decisiones técnicas correctas alargan significativamente la vida del sistema.

Repuestos no originales: ahorro aparente, riesgo real

La presión por contener el gasto común suele empujar a elegir repuestos más baratos o no originales. Ese comportamiento no es exclusivo de Chile: ocurre en distintas partes del mundo. El problema es que, al salir del circuito del fabricante o de un suministro controlado, se pierde trazabilidad y no siempre se conoce con certeza la calidad, las pruebas de resistencia y el estándar de seguridad del componente.

En ascensores, donde la seguridad depende de tolerancias pequeñas y de múltiples elementos coordinados (mecánicos y electrónicos), una decisión de repuesto puede traducirse en más fallas, detenciones y costos posteriores. Si se opta por repuestos alternativos, la recomendación práctica es exigir origen confiable y compatibilidad real con el equipo.

El “mal inicio” de muchos ascensores en edificios nuevos

Un punto crítico suele ocurrir en los primeros 2 a 3 años de un edificio. En ese período, el ascensor se utiliza intensamente para terminar la construcción, postventa, entradas y salidas de maestros, mudanzas y cargas pesadas. Aunque el edificio sea “nuevo”, el equipo puede llegar a la etapa de operación normal ya estresado y con desgaste acumulado.

Cuando la comunidad se consolida y asume la administración, puede encontrarse con fallas tempranas difíciles de entender (“si recién me mudé, ¿por qué está malo?”). Por eso conviene integrar desde el inicio reglas de uso (cargas, protección de cabina, cuidado de puertas) y un estándar de mantención que reconozca ese uso real.

Mantención mensual en Chile y qué se juega la comunidad

En Chile, la normativa obliga a contratar un proveedor de mantención registrado en el MINVU y a realizar mantención una vez al mes. Más allá de la periodicidad, la calidad del servicio es decisiva: puertas, ajustes, revisiones de circuitos, controles y pruebas de seguridad son tareas sensibles.

El ascensor trabaja con tolerancias muy pequeñas: un desajuste de milímetros puede generar detenciones. Además, hay hábitos cotidianos que lo perjudican, como detener puertas con la mano o con objetos, o forzar cierres. Una mantención consistente reduce fallas, evita detenciones innecesarias y ayuda a sostener el estándar de seguridad.

Fallas más comunes: puertas y botones

Entre los problemas más recurrentes aparecen:

Puertas: son el elemento más frágil porque se manipulan constantemente (golpes, empujones, objetos que bloquean el cierre). Pequeños desajustes gatillan detenciones.

Botones: la impaciencia lleva a presionarlos repetidamente, generando múltiples llamadas y desgaste del componente. Cambiar botones termina siendo un costo evitable para la comunidad.

Una idea clave para entender las detenciones: el ascensor puede detenerse porque “algo no cuadra” en sus circuitos de seguridad. El reinicio o “reset” no siempre es una solución superficial; muchas veces es la consecuencia de una detención preventiva, seguida de revisión y verificación.

Envejecimiento de la población y dependencia del ascensor

Con los años, aumenta la dependencia del ascensor: la movilidad se reduce y las escaleras se vuelven una alternativa menos viable, especialmente con compras o cargas. Al mismo tiempo, el ascensor envejece: a los 25 años, la tecnología puede estar obsoleta y ciertos repuestos ser menos disponibles.

La recomendación práctica es evitar la sorpresa financiera y operacional: planificar con el mantenedor qué componentes tenderán a fallar y cuándo, y provisionar para una inversión mayor en torno a los 20 a 25 años. Esto disminuye el riesgo de quedar “sin movilidad” y permite priorizar soluciones menos invasivas.

Modernización: extender la vida útil sin obras destructivas

Reemplazar un ascensor completo puede ser altamente disruptivo (ruido, polvo, perforaciones y afectación a la vida diaria). Existen modernizaciones que buscan reducir esa invasión, manteniendo parte de la mecánica y, en algunos casos, incluso puertas, y actualizando lo más crítico: electrónica, controles, variadores, botoneras, mejoras de seguridad y aspectos de cabina (como iluminación LED).

Como referencia económica para modernizaciones enfocadas en lo esencial, se plantea un rango aproximado de 30 a 50 millones de pesos por equipo, dependiendo del alcance (por ejemplo, si además se revisa o pone al día el motor u otros componentes mecánicos). La conveniencia de cada alternativa depende del estado del equipo, el uso del edificio y la calidad técnica de la propuesta.

Digitalización: monitoreo remoto, menos fallas y mejor información

Los ascensores modernos incorporan conectividad y monitoreo remoto. Esto permite:

Anticipar fallas antes de que la comunidad las perciba, gracias al seguimiento de estados y señales del sistema.

Intervenir a distancia en ciertos eventos, reduciendo tiempos de respuesta y desplazamientos.

Entregar visibilidad al administrador mediante aplicaciones: estado del ascensor, mantenciones realizadas y acciones correctivas.

También existen soluciones de acceso y autorización mediante software en el teléfono, asignación de ascensor y restricciones por pisos autorizados, además de integraciones con accesos y puertas, orientadas a seguridad y control.

Buenas prácticas para convivir mejor con los ascensores

Cuidar el ascensor es una tarea comunitaria. Tratar bien puertas y botoneras reduce fallas; elegir cuidadosamente al mantenedor (más allá del precio) mejora continuidad y seguridad; y asegurar repuestos trazables disminuye riesgos. Con una mantención seria, planificación de inversiones y un uso responsable, el edificio gana en accesibilidad, tranquilidad y calidad de vida diaria.

Créditos: Hablemos de Copropiedad.

Scroll al inicio