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Quién es responsable del alza en gastos comunes

El aumento de los gastos comunes suele atribuirse de inmediato a la administración, pero en la práctica responde a una combinación de costos fijos del edificio, alzas externas (tarifas, UF e inflación) y decisiones de gestión y priorización dentro de la comunidad. Entender qué compone el gasto común y qué parte realmente se puede gestionar ayuda a disminuir conflictos y a tomar mejores acuerdos.

Por qué los gastos comunes tienden a subir

Un condominio requiere gastos mensuales que no se pueden omitir sin afectar su funcionamiento básico. En muchos edificios, las partidas más relevantes se concentran en pocos ítems que se repiten mes a mes y que pueden representar sobre el 80% del total mensual, e incluso más en comunidades con baja necesidad de reparaciones.

Cuando esas partidas suben por razones externas (tarifas, UF, reajustes), el gasto común sube aunque la administración mantenga la misma forma de operar. Por eso, antes de buscar culpables, conviene identificar qué porcentaje es “estructural” y qué porcentaje depende de decisiones del mes.

Las categorías que explican la mayor parte del gasto fijo

En términos prácticos, hay tres grandes grupos que suelen sostener la mayor carga del gasto común:

1) Recursos humanos y operación: remuneraciones y turnos necesarios para la continuidad operativa (por ejemplo, conserjería 24/7). Además, este componente se ve afectado por cambios normativos y laborales, como mayores exigencias y ajustes generales vinculados al mercado laboral.

2) Uso y consumo: cuentas del edificio como energía eléctrica, agua, y en algunos casos gas. A esto se suma la obligatoriedad de seguros, que habitualmente están expresados en UF, por lo que su valor en pesos varía.

3) Mantenciones: contratos necesarios para que el edificio opere correctamente (ascensores, calderas, bombas u otros sistemas críticos). Son servicios permanentes, no “eventuales”.

Reparaciones y servicios extraordinarios también existen, pero suelen ser más puntuales o variables según el tipo de edificio y su antigüedad.

El impacto de la inflación, la UF y las tarifas

Una parte importante del debate se explica por una confusión común: se percibe que “sube el gasto común”, pero en realidad muchas veces suben los precios de aquello que el gasto común paga.

Si aumentan las tarifas eléctricas o el costo del gas, el condominio también paga más, del mismo modo que aumenta la cuenta de un hogar. Y si los contratos están en UF o tienen reajustabilidad (por inflación u otros índices), los incrementos se trasladan automáticamente al presupuesto mensual.

Esto no elimina la necesidad de buena gestión, pero sí pone límites claros: hay costos en los que el edificio actúa como “tomador de precio” y no define el valor final.

Gestión realista: no siempre se puede “bajar” el gasto común

Cuando una comunidad cambia de administración con la expectativa de bajar el gasto común de forma relevante, conviene aterrizar el objetivo. Si la mayor parte del gasto está en categorías fijas, una promesa de reducción significativa suele ser poco realista.

El enfoque más sano es trabajar por:

Eficiencia: reducir desperdicios, mejorar procesos y revisar consumos.

Estabilización: evitar saltos bruscos mediante planificación y provisiones.

Mejor estándar: entender que “hacer más” (mantener, reparar, prevenir) normalmente implica gasto, pero también mejora el estado del inmueble.

Incluso existen incentivos “perversos” si se mide a la administración solo por ahorrar: se puede postergar lo necesario para cumplir un presupuesto, afectando el edificio en el tiempo.

Cómo elegir proveedores sin caer en lo “barato cuesta caro”

En mantenciones críticas (ascensores, calderas, bombas), el precio mensual no es el único dato. La diferencia real aparece en:

Capacidad de respuesta en emergencias: lo que ocurre un sábado con una falla grave define el estándar del proveedor.

Calidad de soporte y continuidad: relación de trabajo, disponibilidad y responsabilidad.

Reparaciones y cotizaciones posteriores: una mantención “barata” puede volverse costosa en reparaciones fuera de mercado o servicio deficiente.

Una buena práctica al asumir una comunidad es conocer primero a los proveedores existentes, entender el historial y darles la oportunidad de demostrar su desempeño, salvo que existan antecedentes serios que hagan inviable continuar.

Comunicar para reducir conflictos y reclamos

La comunicación preventiva suele ser más eficiente que responder reclamos durante todo el invierno. Reuniones informativas, contenidos simples y explicaciones gráficas ayudan a alinear expectativas, especialmente en periodos donde se proyecta mayor consumo (por ejemplo, calefacción o mayor uso de determinados sistemas).

En comunidades donde la asistencia a asambleas es baja, también sirve realizar reuniones específicas o comunicaciones bien diseñadas, anticipando qué variables pueden mover el gasto común y por qué.

Además, para explicar alzas, es útil diferenciar entre aumentos nominales y aumentos ajustados por inflación: una subida en pesos no siempre implica una pérdida proporcional de capacidad de compra si todo el costo de la vida también ha aumentado.

Honorarios de administración: UF o reajustabilidad clara

Más que discutir si los honorarios deben estar en UF o en pesos, el punto clave es la transparencia de la reajustabilidad. Una alternativa práctica es definir el valor en UF, calcular su equivalente en pesos y mantenerlo fijo por un periodo (por ejemplo, 12 meses), dejando estipulado contractualmente cuándo y cómo se reajusta.

Desvinculaciones: un costo alto que puede desordenar el presupuesto

La salida de un trabajador puede implicar un impacto financiero importante para la comunidad. Si no existe previsión suficiente, la desvinculación puede consumir recursos acumulados por años, afectando capacidad de mantención e inversiones.

Por eso, antes de impulsar despidos por razones no graves, conviene evaluar alternativas: abordar problemas de convivencia laboral, mejorar condiciones de trabajo y resolver conflictos que se pueden corregir con gestión. Cuando existe una falta grave u otra causal sólida, el enfoque cambia, pero igualmente es clave anticipar su impacto económico.

Proyectar el gasto común con supuestos y preparación

Presupuestar no es adivinar: es proyectar con supuestos razonables. Se pueden prever componentes como remuneraciones, contratos reajustables y tendencias de consumo, y luego explicar que los imponderables se gestionan cuando ocurren (como en cualquier organización).

El objetivo es que la comunidad sepa qué esperar: qué parte del gasto es predecible, qué parte es variable y qué decisiones requieren acuerdos para mejorar eficiencia, especialmente en instalaciones de alto consumo (como ascensores, bombas, calderas u otras).

Responsabilidad compartida y decisiones mejor informadas

La administración influye en la calidad de la gestión, en la selección de proveedores, en la anticipación de alzas y en la forma de comunicar; pero los aumentos estructurales por UF, inflación, tarifas y consumo del propio edificio también empujan el gasto común al alza. En la práctica, la responsabilidad es compartida: una parte depende del contexto y otra de cómo se planifica, se ejecuta y se acuerda dentro de la comunidad.

Cuando el gasto común se entiende como un conjunto de categorías fijas y variables, con información clara y comparaciones útiles, se reduce el conflicto y aumentan las posibilidades de sostener un edificio bien mantenido y financieramente ordenado.

Créditos: Hablemos de Copropiedad.

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