Conseguir integrantes para el comité de administración se ha vuelto una de las mayores dificultades en muchas comunidades. La falta de interesados puede dejar al condominio sin una contraparte formal frente al administrador, generando retrasos, conflictos y decisiones paralizadas. Para evitar caer en esa “tierra de nadie”, conviene conocer el rol real del comité y las alternativas que permite la normativa cuando nadie se ofrece.
Qué es y para qué sirve el comité de administración
El comité de administración cumple, en términos simples, el papel de representar a los copropietarios ante la administración y frente a terceros. Una comparación útil es la de una empresa: los copropietarios serían los “accionistas” y el comité funcionaría como un directorio, mientras que el administrador opera como “gerencia” ejecutiva.
En la práctica, el comité entrega directrices, fiscaliza y respalda decisiones relevantes. Se mencionan, entre otras materias, tareas como participar en definiciones asociadas a planes de emergencia, autorizar o respaldar acuerdos relacionados con el cobro de gastos comunes y convenios de pago.
Evitar la coadministración: el error que más fricción genera
Una comunidad funciona mejor cuando existe un marco claro: el comité no está llamado a administrar el día a día. Cuando integrantes del comité asumen funciones operativas (dar instrucciones a trabajadores, exigir autorizaciones para gastos menores o “revisar” cada decisión técnica), se deteriora la confianza y se ralentiza la gestión.
La única zona más cercana a una “coadministración” se asocia a la representación del presidente del comité en caso de ausencia del administrador. Fuera de eso, el comité debiera concentrarse en orientar según los intereses de la comunidad y no reemplazar el criterio técnico del administrador.
Cómo conformar el comité cuando nadie quiere asumir
Cuando en la asamblea no hay postulantes, existen caminos que permiten destrabar el problema:
1) Preparación previa a la asamblea
Antes de citar, es clave cuidar las formas y plazos y enviar la información que corresponda. Además, puede ser más efectivo llegar a la asamblea con personas ya conversadas y dispuestas, para evitar que el proceso termine en un vacío de autoridad.
2) Sorteo de integrantes
Se utiliza como herramienta para elegir miembros cuando no hay voluntarios: se identifican las unidades y se realiza un sorteo. Esta vía puede resolver rápidamente la falta de comité, aunque tiene un riesgo operativo: personas sorteadas pueden renunciar poco después, obligando a repetir trámites y acuerdos.
3) Apoyo del Juzgado de Policía Local
Ante dificultades para lograr quórum o para sostener el proceso, se reconoce la posibilidad de recurrir al Juzgado de Policía Local para viabilizar la asamblea. Incluso se menciona un caso en que el tribunal autorizó la reducción del quórum para celebrarla, llegando a un mínimo de 15%. Si bien no se presenta como una regla general, sirve como antecedente de que, en situaciones complejas, el tribunal puede adoptar medidas para permitir que la comunidad tome decisiones.
Duración del comité y la posibilidad de compensaciones
El comité dura tres años en sus funciones, con la posibilidad de ser elegido indefinidamente. También se contempla la opción de que quienes integren el comité puedan recibir algún tipo de beneficio o compensación, como incentivo por el tiempo dedicado.
Esa retribución puede ayudar a atraer postulantes, pero también abre un punto sensible: si el incentivo se vuelve el objetivo, la comunidad puede terminar con integrantes que buscan solo reducir costos personales (por ejemplo, rebajas) sin una contribución real a la gestión.
Requisitos prácticos: evitar nombramientos que bloqueen la operación
Además de la disponibilidad, conviene resguardar aspectos básicos que después pueden trabar la administración:
Propiedad y representación
Se refuerza la importancia de que quienes integren el comité correspondan a quienes tienen legitimidad (propietarios o representantes habilitados). La experiencia muestra que, si se integra alguien que no es propietario ni cuenta con facultades, luego se abren conflictos y decisiones cuestionables por falta de atribuciones.
Dificultades bancarias
Se reportan casos de integrantes que no pueden firmar cheques, lo que impacta directamente la continuidad operativa de pagos y la relación con bancos.
Capacitación mínima para comités: menos temor, más control
Un problema recurrente es que muchos integrantes llegan sin conocer el alcance del cargo, sus responsabilidades y límites. Una capacitación básica (aunque sea una “pincelada” de roles, responsabilidades y reglas esenciales) ayuda a:
- Reducir decisiones basadas en supuestos incorrectos.
- Evitar exigencias imposibles o no ajustadas a norma.
- Mejorar la relación de trabajo con el administrador.
- Disminuir el miedo común a “manejar plata de otros”, entendiendo controles y procesos.
Arrendatarios en el comité: un debate abierto en la comunidad
La participación de arrendatarios como miembros del comité genera posiciones contrapuestas. Por un lado, se plantea que el arrendatario puede tener intereses distintos al propietario (por ejemplo, priorizar bajar gastos a corto plazo por sobre inversiones o mejoras que resguarden el activo). Por otro lado, también se destaca que, si existe un poder por escritura pública, esa representación puede ser un acuerdo válido entre privados.
En concreto, el punto crítico es asegurar que el comité represente de manera consistente el interés de la copropiedad y permita mantener el inmueble en buen estado, sin depender de objetivos de corto plazo.
Un comité que acompañe y ordene la gestión
Cuando nadie quiere asumir, la comunidad necesita actuar con método: respetar citaciones, buscar candidatos antes de la asamblea, usar el sorteo si corresponde y, si es necesario, recurrir a apoyo judicial para viabilizar acuerdos. Con roles claros y una capacitación mínima, el comité deja de ser una carga ingrata y se convierte en un aliado para una administración ordenada, transparente y sostenible.
Créditos: Hablemos de Copropiedad.