La inscripción en el Registro Nacional de Administradores de Condominio exige acreditar competencias. Hoy existen dos vías: realizar cursos de capacitación con contenidos mínimos definidos, o someterse a un proceso de certificación de competencias. Elegir bien depende de la experiencia previa, del tiempo disponible, del costo y del nivel de certeza que se busca al momento de presentar antecedentes.
Qué se entiende por perfil de competencias
El perfil de competencias funciona como una descripción transversal del cargo: define funciones, responsabilidades, objetivos y conocimientos necesarios, pero en términos generales, aplicables a cualquier comunidad. La definición operacional del perfil refiere a gestionar labores vinculadas a administración, finanzas, mantenimiento del condominio y seguros, de acuerdo con estándares técnicos y normativa vigente.
La competencia profesional se entiende como una combinación de saber hacer (habilidades), saber ser (actitudes) y saber (conocimientos).
Las cuatro competencias exigidas al administrador
El perfil considera cuatro competencias principales:
1) Actividades operativas de administración: coordinar líneas de acción con el comité y asegurar cumplimiento de disposiciones legales y reglamentarias, además de mantener actualizado el plan de emergencia y evacuación.
2) Finanzas de la comunidad: recaudar gastos comunes y rendir cuenta de la situación económica de la comunidad según reglamento y normativa vigente.
3) Mantenimiento y uso de bienes comunes: administrar la situación laboral del personal del condominio y gestionar contratos de mantenimiento de equipos e infraestructura.
4) Convivencia y cumplimiento del reglamento: aplicar el reglamento de copropiedad en convivencia comunitaria (incluyendo medidas como multas y llamados de atención), respetando jerarquías normativas.
Conocimientos y actitudes que se consideran
Entre los conocimientos listados se incluyen materias como ética, Constitución, normas técnicas, negociación, Excel, contabilidad y finanzas, entre otros.
En actitudes, el perfil se ubica en un nivel de complejidad técnico-profesional alto (nivel 4), con énfasis en ética y responsabilidad, autonomía, trabajo con otros (incluyendo coordinación con comité y equipos), comunicación, eficiencia en uso de recursos, resolución de problemas, capacidad de informar, y análisis y uso de información. También se mencionan herramientas habituales como computadores, redes, Zoom, WhatsApp y Excel.
Cómo funciona la inscripción en el Registro Nacional
La inscripción se realiza en una plataforma dispuesta por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo. En esa plataforma se ingresan datos de identificación y contacto, estado de la inscripción (por ejemplo: vigente, no vigente, suspendido o expulsado), fecha y tipo de inscripción. Se distingue entre administración gratuita y onerosa, y entre persona natural y persona jurídica.
Para efectos de acreditar cumplimiento, se debe adjuntar evidencia de cursos o de certificación.
Vía 1: cursos de capacitación y contenidos mínimos
Los cursos deben cubrir como paraguas la Ley 21.442 y, además, contenidos asociados a exigencias prácticas del rol. Se mencionan, entre otros:
• Plan de emergencia, seguros y materias de seguridad del condominio.
• Funcionamiento y cuidado del condominio.
• Rendición de cuentas y cobro de gastos comunes.
• Enfoque de derechos humanos aplicado a relaciones de la comunidad y fórmulas de resolución de conflictos.
• Normativa laboral y previsional del personal del condominio.
Existen puntos que pueden generar incertidumbre: no se define claramente cuántos cursos pueden ser ni el mínimo de horas exigibles. También se considera posible complementar formación previa: si una persona cuenta con un curso realizado años atrás, podría requerir solo cubrir las materias faltantes (por ejemplo, actualización en la ley).
Vía 2: certificación de competencias y su paso a paso
La certificación se realiza en un centro de evaluación acreditado y se estructura por etapas:
1) Entrevista de ingreso: determina si la persona es apta para entrar al proceso, considerando requisitos mínimos como experiencia, antecedentes, administración de condominios y/o recomendaciones, además de participación previa en cursos relacionados.
2) Evaluación: puede finalizar con resultado de “aún no competente” o “certificado”. Para aprobar, se debe cumplir con las cuatro competencias y alcanzar un umbral mínimo (se menciona 75%).
3) Instrumentos habituales:
• Prueba de conocimientos, normalmente de alternativas múltiples.
• Evaluación de actitudes, que puede realizarse mediante análisis de casos (por ejemplo, situaciones de convivencia y decisión administrativa). También podría considerarse entrevista a supervisores directos, aunque esto se ve como un desafío en el contexto de condominios por la naturaleza del “supervisor” (comité) y su disponibilidad.
• Evaluación del saber hacer, que puede abordarse con simulaciones (por ejemplo, preparación documental de una asamblea) o entrevistas/observación en el lugar de trabajo (por ejemplo, mostrar procesos en software de gastos comunes y casos como licencias médicas).
La certificación pone foco en demostrar experiencia y desempeño, pero su aplicación también puede presentar desafíos de objetividad si no se transparentan criterios y metodología antes de pagar o iniciar el proceso.
Curso o certificación: cómo elegir según tiempo, costo y experiencia
Ambas rutas llevan a la inscripción, pero con diferencias prácticas:
• Dedicación: un curso completo puede demandar semanas, especialmente si se estudia mientras se continúa trabajando. La certificación, en cambio, concentra el esfuerzo en entrevista y evaluación, potencialmente en uno o dos días, más el tiempo de reunir antecedentes.
• Costo: se menciona una referencia de certificación del orden de $200.000, mientras que los cursos pueden costar más o menos según el mercado.
• Certeza documental: un curso deberá ajustarse a los contenidos exigidos; si falta algún tema (por ejemplo, derechos humanos), podría requerirse complementar. La certificación requiere demostrar experiencia y cumplir el estándar de evaluación.
En la práctica, incluso optando por certificación, se recomienda llegar con actualización en la Ley 21.442 para disminuir brechas.
Reconocer el estándar y profesionalizar la administración
La exigencia de acreditar competencias busca elevar el estándar del oficio y diferenciar a quienes efectivamente pueden demostrar preparación y desempeño. Para tomar una buena decisión, conviene exigir al centro certificador claridad previa sobre metodología, instrumentos, puntajes y criterios, y en el caso de capacitación, revisar que el programa cubra todos los contenidos requeridos.
Con una ruta clara (curso o certificación) y antecedentes bien preparados, la administración de condominios queda mejor posicionada para responder a las nuevas exigencias y para construir relaciones más transparentes con los comités y las comunidades.
Créditos: Hablemos de Copropiedad.